De nuevo aquí, recapitulando aprisa y corriendo antes de que los últimos días del calendario se desvanezcan pared abajo. Un año mas procurando no caer en la vorágine atroz del manirroto navideño encandilado por luminarias callejeras, dejándose el sueldo intentando recrear falsas felicidades de teletienda. Y un año mas fracasando en la búsqueda de ni que fuera una brizna de aquel cóctel fascinante de adrenalina, ilusión y prodigio que pobló mi lejana infancia cuando, lo digo de verdad, lo Reyes Magos si que existían y alguien o algo volvía ineludiblemente a casa por Navidad.
¿Que ha sido esta vez de los deseos sumergidos entre burbujas de cava y desgranados uno a uno garganta abajo reprimiendo risas flojas, entre humos de velas multicolores y al son del mítico campaneo televisivo?
Ciertamente muchos no se cumplieron tampoco este ciclo. Probablemente, lo mejor que les puede ocurrir a los deseos: seguir agazapados en el mundo de las quimeras, seguir siendo ilusiones, utopías, desvaríos del alma.
Una vez mas, ni acabamos con el hambre, ni con las guerras, ni los tiranos del mundo se esfumaron a golpe de brindis y lentejuela. Tampoco la malévola y esquiva suerte quedó atrapada entre aquella lencería roja de dudoso gusto que un año mas juraremos no volver a colocarnos.
No, hemos seguido caminando las mismas calles, las de siempre, pero hemos sabido verlas cada día iluminadas con su exclusiva luz de momento irrepetible. Hemos vuelto a saber zafarnos de la rutina invocando nuestro íntimo Nunca Jamás o volando hacia exóticas lejanías para registrar sus luces y esencias en el alma nuestra y de nuestras máquinas fotográficas. Un año mas, hemos sabido desfigurar las distancias para seguir riendo y llorado junto a quienes sentimos cerca y para añorar profundamente a quienes percibimos tan lejos. Hemos sentido la emoción intensa de una mirada, una canción, un amanecer o un poema.
Un año mas hemos creído que un mundo mejor es posible y hemos entregado un glorioso minuto nuestro para lograrlo, para merecerlo. Un año mas hemos sabido seguir soñando despiertos…
Y es que, como dice Seve, al final del trayecto, el ganador es quien más veces ha sido feliz.